Sin expliación alguna
el destino se acordó de mi.
Dejando congelado en mi memoria
aquel eterno segundo
de confusión pasajera.
Pinceladas de viento
se acarician a nuestro paso
como un treinta y uno en víspera
del día primero.
La sorpresa me invade
al mismo tiempo la duda,
solo la mirada comprende
como un añejo DICIEMBRE anhela
algún ENERO.